
El disparo del primer rayo de sol
devolvió a mí la consciencia
arrebatándome de aquel sueño,
profundo y perfecto, que consiguió ser
inexplicable mediante expresiones
que pertenezcan a este mundo
La vista, que dudar tanto nos hace
volvió al trabajo del día a día
solo para expresarme secretamente
¡Qué nos habían robado, Amor!
Tus botas de lujo, que a regañadientes adquirías.
Aquel calzado que adornaba tus pies
mientras las hojas del calendario caían
huyó ferozmente por aquella puerta malgastada.
Las joyas, bendecidas por el latir
de un amor que alguna vez fue infinito,
se habían perdido en el fondo de algún paquete
y esfumado por el enfriar de la habitación.
El oído, que nos regala un poco más de percepción
de este mundo que tanto a embellecido y a la vez deteriorado,
perdió la inspiración que nos brindaba tu voz
y cesó de trabajar al notar el silencio
que perpetuaban estas cuatro paredes
Aquella radio que a gritos nos golpeaba y despertaba,
que movió nuestros pies, frente a frente,
mientras cantabas cual ruiseñor en mi oído
y yo, anonadado, solo conseguía pisarte
se había perdido en este mundo tan frío
Sin embargo,
también fue aquella que tanto
opacábamos con nuestros gritos
contenientes de amor y amargura.
El tacto, que organizaba mil fiestas
cada vez que tu piel tocaba,
Intentó buscarte en el friaje de la cama
Y solo encontró un recuerdo
Un recuerdo podrido de latir
Un recuerdo envejecido por el rencor
Un recuerdo que contenía un sentimiento de abandono
Un recuerdo que empapó mis ojos
e inundó la habitación.
Solo ahora sé a dónde fueron
todos los que fueron hurtados
Solo ahora sé que se fueron
con aquella que los trajo al mundo
Solo ahora sé que no fue ningún ladrón,
pero tampoco fue ella,
Fui yo, quien con gritos y reproches
gané su pasaje de ida
y no de vuelta
y en aquel último tren
se despidió…
