jueves, 13 de agosto de 2009

¿Por qué?

de Aárón Carrión



¿Por qué?

¿Por qué debo aguardar paciente
Mientras tus manos sostienen
Una palma que no me pertenece?

¿Por qué hay alguien robándome los besos
Y vociferando un amor que no le pertenece?

Es tuyo mi bella damisela
Si una intrusa lo ha tomado prestado,
Eres tú quien puede reclamarlo

Vamos, niégale los besos a aquel enemigo mío
Y reclama lo que es tuyo

Pero, ¿Por qué?

¿Por qué debo mirar las estrellas
Junto a un cuerpo que no es el tuyo?

¿Por qué estoy condenado
A permanecer paciente
Mientras comparto mis caricias
Con otra
Y tú

Con otro…?

miércoles, 12 de agosto de 2009

Los inmortales

de Aarón Carrión



Mi bella dama,
Afrodita te ha cedido su trono
Párate en él y aprecia junto a mí
Aquel paisaje de cuentos y voces

Escucha como recorre aquella historia
Las calles del tiempo y el espacio
Mientras persiste en su intento de no morir jamás

Observa el gran éxtasis de los que
Son bendecidos con aquel relato
Que no se quiere callar jamás

Aquella pareja inmortal
Reside en las mentes de multitudes
Y viven cual nómadas entre las generaciones

Esos que muchos intentarán copiar
Pero nadie podrá igualar

Ven querida mía,
Párate, junto a mí, sobres estas nubes celestiales
Mientras nuestro relato es contado
Y nuestro amor

Es divulgado…

martes, 11 de agosto de 2009

Poema a mi musa

de Aarón Carrión


¡Oh! Diosa de mi alcoba,
Intrusa de mis sueños.
Tú, que le has arrebatado el puesto
Al magnífico Morfeo,
Debes ser la más grande gladiadora
Por derrotar a cualquier alma soñadora
Que a mí se acerca

¿Cómo es que estás sobre todas?
Si mi cuerpo no te reconoce
Pero te extraña
Si mi mente te transfigura a diario
Pero lucha con espada en mano por darte forma

¿Cómo saber si ya has pasado por mis calles
O si mis ojos no han presenciado aún

Belleza tan divina?…

lunes, 10 de agosto de 2009

La Máscara

de Charles Baudelaire



Veamos este tesoro de gracias florentinas;
en las ondulaciones del cuerpo musculoso
abundan, divinales hermanas, Gracia y Fuerza.
Esta mujer, fragmento en verdad milagroso,
de robustez divina y adorable finura,
es digna de reinar en suntuosos lechos,
encanto de los ocios de un pontífice o príncipe.

También ve esta sonrisa fina y voluptuosa
donde la Fatuidad sus éxtasis pasea;
esta mirada lánguida, hipócrita y burlona;
este afectado rostro enmarcado de gasa,
del que todos los rasgos con aire triunfal dicen;
«¡Me corona el Amor y el deleite me llama!»
¡A este ser al que tanta majestad se prodiga
ve qué encanto excitante la gentileza otorga!
A él vayamos y en torno de su belleza giremos.

¡Oh blasfemia del Arte! iOh sorpresa fatal!
La mujer de divino cuerpo que nos promete
la dicha, se culmina en un monstruo bicéfalo.

Más no, es sólo una máscara, un decorado falso,
este rostro que alumbra una mueca exquisita,
y mira, ahí puedes ver, atrozmente crispada,
la verdadera cara, la cabeza sincera
trastocada al abrigo de la cara que miente.
¡Ah, pobre gran belleza! El magnífico río
de tus llantos afluye a mi pecho doliente;
tu mentira me embriaga y mi espíritu abreva
del venero que arranca el Dolor de tus ojos.

Mas ¿por qué está llorando? Ella, belleza perfecta
que pondría a sus pies todo el género humano,
¿qué raro mal corroe su costado de atleta?

¡Ella llora, insensato, llora porque ha vivido!
¡Y llora porque vive! Pero lo que le duele
más, y hasta las rodillas estremecerse le hace,
es que mañana ¡ay!, ¡aún habrá de vivir!
¡Y pasado, y al otro, y siempre...! ¡Cual nosotros!

martes, 30 de junio de 2009

Anónimo

de Anónimo



(Fragmento)

Desde el principio y todo este tiempo hasta aquí,
justificándonos por ciencia, por dios, porque sí;
cagada tras cagada, no nos importa nada,
obstinado orgullo hasta el fin.

martes, 28 de abril de 2009

El Robo

de Aarón Carrión



El disparo del primer rayo de sol
devolvió a mí la consciencia
arrebatándome de aquel sueño,
profundo y perfecto, que consiguió ser
inexplicable mediante expresiones
que pertenezcan a este mundo

La vista, que dudar tanto nos hace
volvió al trabajo del día a día
solo para expresarme secretamente
¡Qué nos habían robado, Amor!

Tus botas de lujo, que a regañadientes adquirías.
Aquel calzado que adornaba tus pies
mientras las hojas del calendario caían
huyó ferozmente por aquella puerta malgastada.

Las joyas, bendecidas por el latir
de un amor que alguna vez fue infinito,
se habían perdido en el fondo de algún paquete
y esfumado por el enfriar de la habitación.

El oído, que nos regala un poco más de percepción
de este mundo que tanto a embellecido y a la vez deteriorado,
perdió la inspiración que nos brindaba tu voz
y cesó de trabajar al notar el silencio
que perpetuaban estas cuatro paredes

Aquella radio que a gritos nos golpeaba y despertaba,
que movió nuestros pies, frente a frente,
mientras cantabas cual ruiseñor en mi oído
y yo, anonadado, solo conseguía pisarte
se había perdido en este mundo tan frío

Sin embargo,
también fue aquella que tanto
opacábamos con nuestros gritos
contenientes de amor y amargura.

El tacto, que organizaba mil fiestas
cada vez que tu piel tocaba,
Intentó buscarte en el friaje de la cama
Y solo encontró un recuerdo
Un recuerdo podrido de latir
Un recuerdo envejecido por el rencor
Un recuerdo que contenía un sentimiento de abandono
Un recuerdo que empapó mis ojos
e inundó la habitación.


Solo ahora sé a dónde fueron
todos los que fueron hurtados
Solo ahora sé que se fueron
con aquella que los trajo al mundo
Solo ahora sé que no fue ningún ladrón,
pero tampoco fue ella,
Fui yo, quien con gritos y reproches
gané su pasaje de ida
y no de vuelta
y en aquel último tren

se despidió…

miércoles, 18 de marzo de 2009

El brindis del bohemio

de Guillermo Aguirre y Fierro



En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno,
regocijadamente departían
seis alegres bohemios.
Los ecos de sus risas escapaban
y de aquel barrio quieto
iban a interrumpir el imponente
y profundo silencio.

El humo de olorosos cigarrillos
en espirales se elevaba al cielo,
simbolizando al resolverse en nada,
la vida de los sueños.

Pero en todos los labios había risas,
inspiración en todos los cerebros,
y, repartidas en la mesa, copas
pletóricas de ron, whisky o ajenjo.

Era curioso ver aquel conjunto,
aquel grupo bohemio,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno,
lo mismo que, melosa y delicada,
la música de un verso.

A cada nueva libación, las penas
hallábanse más lejos
del grupo, y nueva inspiración llegaba
a todos los cerebros,
con el idilio roto que venía
en alas del recuerdo.

Olvidaba decir que aquella noche,
aquel grupo bohemio
celebraba entre risas, libaciones,
chascarrillos y versos,
la agonía de un año que amarguras
dejó en todos los pechos,
y la llegada, consecuencia lógica,
del "feliz año nuevo"...
Una voz varonil dijo de pronto:
-las doce, compañeros;
digamos el "requiescat" por el año
que ha pasado a formar entre los muertos.
¡Brindemos por el año que comienza!
porque nos traiga ensueños;
porque no sea su equipaje un cúmulo
de amargos desconsuelos...

- Brindo, dijo otra voz, por la esperanza
que la vida nos lanza,
de vencer los rigores del destino,
por la esperanza, nuestra dulce amiga,
que las penas mitiga
y convierte en vergel nuestro camino.

Brindo porque ya hubiere a mi existencia
puesto fin con violencia
esgrimiendo en mi frente mi venganza;
si en mi cielo de tul limpio y divino
no alumbrara mi sino
una pálida estrella: Mi esperanza.

¡Bravo!, dijeron todos, inspirado
esta noche has estado
y hablaste bueno, breve y substancioso.
El turno es de Raúl; alce su copa
y brinde por... Europa,
ya que su extranjerismo es delicioso...

Bebo y brindo, clamó el interpelado;
brindo por mi pasado,
que fue de luz, de amor y de alegría,
y en el que hubo mujeres seductoras
y frentes soñadoras
que se juntaron con la frente mía...

Brindo por el ayer que en la amargura
que hoy cubre de negrura
mi corazón, esparce sus consuelos
trayendo hasta mi mente las dulzuras
de goces, de ternuras,
de dichas, de deliquios, de desvelos.

-Yo brindo, dijo Juan, porque en mi mente
brote un torrente
de inspiración divina y seductora,
porque vibre en las cuerdas de mi lira
el verso que suspira,
que sonríe, que canta y que enamora.

Brindo porque mis versos cual saetas
lleguen hasta las grietas
formadas de metal y de granito,
del corazón de la mujer ingrata
que a desdenes me mata...
¡pero que tiene un cuerpo muy bonito!

Porque a su corazón llegue mi canto,
porque enjuguen mi llanto
sus manos que me causan embelesos;
porque con creces mi pasión me pague...
¡vamos!, porque me embriague
con el divino néctar de sus besos.

Siguió la tempestad de frases vanas,
de aquellas tan humanas
que hallan en todas partes acomodo,
y en cada frase de entusiasmo ardiente,
hubo ovación creciente,
y libaciones, y reír, y todo.

Se brindó por la patria, por las flores,
por los castos amores
que hacen un valladar de una ventana,
y por esas pasiones voluptuosas
que el fango del placer llena de rosas
y hacen de la mujer la cortesana.

Sólo faltaba un brindis, el de Arturo,
el del bohemio puro,
de noble corazón y gran cabeza;
aquel que sin ambages declaraba
que sólo ambicionaba
robarle inspiración a la tristeza.

Por todos lados estrechado, alzó la copa
frente a la alegre tropa
desbordante de risa y de contento
los inundó en la luz de una mirada,
sacudió su melena alborotada
y dijo así, con inspirado acento:

-Brindo por la mujer, mas no por esa
en la que halláis consuelo en la tristeza,
rescoldo del placer ¡desventurados!;
no por esa que os brinda sus hechizos
cuando besáis sus rizos
artificiosamente perfumados.

Yo no brindo por ella, compañeros,
siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por una,
por la que me brindó sus embelesos
y me envolvió en sus besos;
por la mujer que me arrulló en la cuna.

Por la mujer que me enseñó de niño
lo que vale el cariño
exquisito, profundo y verdadero;
por la mujer que me arrulló en sus brazos
y que me dio en pedazos
uno por uno, el corazón entero.

¡Por mi madre!.. bohemios, por la anciana
que piensa en el mañana
como en algo muy dulce y muy deseado,
porque sueña tal vez que mi destino
me señala el camino
por el que volveré pronto a su lado.

Por la anciana adorada y bendecida,
por la que con su sangre me dio vida,
y ternura y cariño;
por la que fue la luz del alma mía;
y lloró de alegría
sintiendo mi cabeza en su corpiño.

Por esa brindo yo, dejad que llore,
que en lágrimas desflore
esta pena letal que me asesina;
dejad que brinde por mi madre ausente,
por la que llora y siente
que mi ausencia es un fuego que calcina.

Por la anciana infeliz que sufre y llora
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
por mi madre, bohemios, que es dulzura
vertida en mi amargura
y en esta noche de mi vida, estrella...

El bohemio calló; ningún acento
profanó el sentimiento
nacido del dolor y la ternura,
y pareció que sobre aquel ambiente
flotaba inmensamente
un poema de amor y de amargura.